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Terra
La Coctelera

hostias

"...¡A repartir hostias!" Aquella frase mítica de aquel Barça de Dueñas reaparece ahora en la Penya de 2006. En la Penya de (entre otros) Robert "The Human Foul" Archibald; en la Penya de (sobre todo) Aíto García Reneses.

Cuentan que Daniel Santiago llegó a Málaga con 14 pares de gafas. Afortunadamente la serie Unicaja-Joventut sólo es a 5 partidos; si fuera al mejor de 7, al estilo USA, es muy posible que el puertorriqueño se viera obligado a encargar más pares... ¿Es simplemente casualidad que Santiago empiece cada partido recibiendo una verdadera hostia (o a veces, como ayer, incluso dos)? Ayer tuvieron que esperar hasta el primer ataque pero en el tercer partido no, en el tercer partido Archibald ya le había estampado el codo en el salto inicial... ¿de qué se trata? ¿de batir un récord? ¿de acojonar a Santiago, a partir de su (presunta) fama de blando? ¿de reinventar el karate press, ahora súbitamente reconvertido en pressing catch?

Tengo un grandísimo aprecio por la Penya, es un equipo que siempre me ha caído realmente bien. Y tengo en gran estima a Aíto, en el sentido de que siempre le he considerado un extraordinario entrenador. Y razones tengo más de sobra para seguir pensando lo mismo, sin ir más lejos en esta misma serie ha dado pruebas evidentes de su talento como técnico (esa presión en toda la cancha...). Pero nunca he podido soportar esa querencia hacia el baloncesto en las trincheras, esa filosofía del "haz 20 faltas y te pitarán 20, haz 200 faltas y también te pitarán 20... (Reminiscencias de aquel "bad boys Barça" del rompehuesos Andreu, o luego de Alzamora, o del propio Dueñas...) Puedo entender que, si quiere ganar al Unicaja, ante la inferioridad evidente de talento decida jugarse la carta de la intensidad, incluso de la dureza. Pero una cosa es endurecer el partido y otra encabronarlo. Lo primero, si hablamos sólo de intensidad defensiva, forma parte del juego; lo segundo no; el encabronamiento no es baloncesto, ni siquiera es deporte.

Dice sabiamente el refranero que quien siembra vientos recoge tempestades. Y me temo que a Aíto se le ha ido mucho la mano con la siembra. Esperemos no tener que lamentarlo mañana por la noche.

abandono

Evidentemente no tengo perdón. Ha pasado como siglo y medio, y entre unas cosas y otras casi conseguí olvidarme de que esto existía. Se trataba de hacer un (o una especie de) diario, pero apenas he conseguido empezarlo.

Podría buscar docenas de miles de disculpas. Que si semana santa, que si el puente de mayo, que si el trabajo, que si apenas tengo tiempo, que si Sedena, que si no doy a basto... Todas ciertas. Todas incompletas. No tengo perdón.

Vuelvo. O al menos lo intento. Aunque sólo sea para ver si soy capaz de conseguir que este espacio se convierta en algo decente. Allá vamos.

Referencias

Referencias pendientes, después de demasiados días sin pasar por aquí.

Referencia al retorno de la acebé, despúes de la pausa copera. El Madrid se desmorona, el Estu renace. El Barça suma y sigue. Tau y Pamesa repiten la historia de la final de copa, pero al revés: realizan el recorrido en sentido inverso (valencianos de más a menos, vitorianos de menos a más) para finalmente llegar al mismo punto de destino, al mismo resultado. Unicaja durante los tres primeros cuartos volvió a ser el mismo de la semifinal copera, sin embargo en el último volvió a ser el que era antes de la Copa. Y sólo con eso ya le bastó para ganar en Fuenla.

Referencia al retorno de la Euroliga, ahora ya reconvertida en Top16. Unicaja se complica la vida en El Pireo, Tau cumple su obligación en Alemania (no era fácil, con tanta resaca...), Barça gana con angustia en Kaunas... Y el Madrid pega el bombazo. El Madrid en crisis permanente, el que juega sin bases y a menudo sin pívots, el de la plantilla desequilibrada, el que ayer la palmó en Las Palmas, ese mismo abrió Vistalegre el jueves para recibir bicampeón de Europa y se preparó para lo peor... Y entonces, de repente, explotó. De repente se encontraron jugando el mejor partido de la temporada, defendiendo como si les fuera la vida la vida en ello, metiendo hasta los tiros más inverosímiles, dejándose la vida en cada posesión. Fue el mejor Madrid posible. Un Madrid del que ya casi nadie recordaba que era capaz de jugar así.

Referencia al retorno de la enebeá tras el olestar: Gasol juega bien, Memphis no para de perder, Calde juega bien, Toronto no para de perder, Isiah "Destroyer" Thomas continúa con su proyecto de acabar con los Knicks desde dentro, Phoenix continúa siendo el equipo más divertido y para refrendarlo nos regaló hace dos madrugadas una auténtica fiesta a la que los Bobcats se prestaron gustosos (136-121, y sin necesidad de prórrogas)...

Y referencia al Olestar, porque lo prometido es deuda, aunque ya queda demasiado lejos y éste es de esos acontecimientos que te absorven cuando llegan pero que luego se olvidan en cuanto pasan. Es necesario hacer un esfuerzo de memoria para recordar que Gasol no anotó en el partido de las estrellas; que al menos cogió 14 rebotes y con eso ya nos quedamos tan contentos como si todo eso tuviera alguna importancia; que es mucho más importante llegar al olestar que destacar en él, así que pasara lo que pasara tampoco se nos iba a empañar la alegría; que la anterior madrugada Nate Robinson ganó los mates, aunque uno de ellos todavía debe estar intentándolo; que para compensar su pequeñez los triples los ganó un tío de 2,13, un tal Nowitzki; que Iguodala fue el mejor del duelo de yogurines del viernes; que...

(y que por hoy ya está bien; y que tengo que conseguir escribir más veces, para escribir menos cada vez)

resaca

(Gracias por tu apoyo, Crazy. Esto acaba de empezar, ni lo he "publicitado" siquiera y por eso es muy agradable saber que ahí, "al otro lado", alguien lo lee, y que incluso le gusta...)

Días de resaca. De resaca baloncestística. De resaca de tanta Copa, de tanto "olestar", de tanto basket compitiendo por hacerse un hueco en los medios, compitiendo (incluso) contra sí mismo, contra el infinito absurdo de que ambos eventos tengan que coincidir, de que no puedan ser en fines de semana distintos para así conseguir protagonismo dos veces y no sólo una...

(Y resaca con retraso: que si el cumpleaños del crío, que si el trabajo, que si el artículo para SEDENA, que si esto, que si lo otro... No ha habido manera de volver antes por aquí)

La resaca copera nos deja a un Tau arrollador, una especie de apisonadora dedicada a aplastar a los contrarios en el primer cuarto y luego administrar su aplastamiento en los tres restantes. Nos deja a "La Plaga", al maravilloso Prigioni que merecerá otro día capítulo aparte. Y nos deja los pick & rolls con Scola, los progresos de Splitter, el trabajo a destajo de Hansen, la explosión de Jacobsen el último día, la desaparición de DrobgjnjkjnÑÑAAKK...

Pero también nos deja a aquel gran Pamesa personalizado en su entrenador (¿le dejarán trabajar?), Casas, que preparó los tres partidos a las mil maravillas, y en sus pupilos Dikoudis (que se salió) y Junior Harrington (que se empeñó en demostrar su carácter, y hasta su pasado enebeá).

Y decepciones: el Unicaja, que desapareció misteriosamente el sábado, convertido de repente en una sombra de sí mismo. El Barça, que aunque parezca mentira no acaba de saber a qué juega. El Madrid, que sólo tiene tres patas (y mucho carácter, pero si se le rompe una pata se viene abajo, por mucho carácter que tenga). El Akasvayu, el más decepcionante de todos, el más perdido, el que más fue a la guerra por su cuenta. Y dos que compitieron (hasta donde pudieron) con dignidad, el Granca y la Penya.

Por lo demás, 42 ojeadores enebeá (¿para qué tantos, si son 30 franquicias?) que probablemente se volvieron prendados de Splitter, y que seguramente se quedaron totalmente decepcionados por un Fran Vázquez que hace unos meses esperó su tren, que lo vio llegar, que lo dejó pasar en la confianza de que ya vendría otro, y que tal vez lo haya perdido para siempre.

Y luego está la otra resaca. La que viene de USA, de todo el "chou de Jiuston". Pero ésa habrá que dejarla para luego, para mañana, para otro rato. Yo por mí podría estar escribiendo todo el día pero se supone que estoy en el trabajo, y se supone que me pagan por trabajar. Y me temo que el rato sin jefes ya se me acaba, así que... Continuará.

Garbajosa...

(No. Hoy ya no. Debo dejar de lamerme las heridas)

Nada nuevo bajo el sol del Palacio. Ganaron los mismos que el año pasado, los del pronóstico. No los del pronóstico general (que miraba hacia Girona) sino los del mío, más orientado (un poco a mi pesar) hacia Valencia. Escribí en SEDENA que los Akasvayus pagarían la novatada, y así fue: de "mi" Fran no hubo noticias, los americanos de fuera sólo jugaron para ellos mismos, su concepto de equipo no existió, sólo Raül sacó la cara y se dejó el alma. Y mientras, en el otro lado, Dikoudis en plan monstruo y Avdalovic apuntándose a mi temerario pronóstico para MVP. Fue un baño total: de conceptos, de defensa, de juego colectivo en ataque, de saber estar, de todo. Más que un baño de Pamesa a Akasvayu fue un baño de Ricard a Edu. Casas estuvo muy por encima de Torres (teniendo en cuenta sus apellidos, suena extraño; pero así fue).

Para hablar del otro partido ya casi no me queda tiempo, pero tampoco me hace mucha falta porque en realidad todo se puede resumir en una sola palabra: Garbajosa. Que hasta puede copiarse y repetirse cienmil veces: Garbajosa, Garbajosa, Garbajosa, Garbajosa, Garbajosa... Las que haga falta. Y no hay más (otro día desarrollaré un poco más el concepto, hoy ya no puedo).

Copa

(Esto debería ser un diario. No un semanario. No deberían transcurrir seis días entre un rollo y el siguiente)

Son casi las 16:30. Faltan dos horas para que empiece la Copa. La Copa en Madrid, la Copa en el Palacio, la Copa a seis estaciones de metro, la Copa casi al lado de casa. La Copa que siempre quise que volviera a Madrid (después de tantos años), la Copa que siempre quise ir a ver... La Copa que veré, un año más, por televisión. Como si se jugara en Zaragoza o en Vitoria, como si se jugara en la otra punta del mundo.

Y lo de "por televisión" es un decir, es mucho decir. Tiene toda la pinta de que no podré ver en directo ni uno solo de los siete partidos. Hoy me lo impedirá el trabajo, mañana, pasado y al otro me lo impedirán los compromisos, los múltiples y variados compromisos propiciados por la casualidad de cada año, por la circunstancia al parecer inevitable de que la Copa, y el All Star de la NBA, tengan que coincidir inexorablemente con el noveno cumpleaños de mi hijo.

Así que casi todo (si no todo) lo veré grabado, tarde, mal y nunca, quitándome sueño, haciendo extraños equilibrios en el alambre para conseguir no enterarme de ningún resultado. Pero no es eso lo peor. Al fin y al cabo estoy acostumbrado a ver los partidos grabados, de hecho es mi forma habitual de ver baloncesto. Lo peor no es eso. Lo peor es que esta vez quería ir, quería asistir in situ, quería en cierto modo formar parte de la fiesta y no tener que conformarme con verla a través de una pantalla como de costumbre.

Sí, ya lo sé, Murphy dice que... Estoy hasta los huevos de Murphy. Estoy hasta los huevos de que cualquier ilusión por pequeña que sea se me estropee, estoy hasta los huevos de que se me jodan tantas cosas... Y estoy aún más hasta los huevos de que me intenten "consolar" con la típica frase de "no te preocupes, hombre, ya habrá otra oportunidad". Tal vez. Tal vez haya otra oportunidad, tal vez la Copa vuelva a Madrid en un corto plazo de tiempo. O tal vez no. Tal vez volverá a suceder lo mismo, tal vez vuelvan a pasar más de mil años, muchos más, antes de que esta competición caiga de nuevo por aquí. En cualquier caso me da igual. Puede ser el año que viene. Puede ser dentro de 20 años, ó de 40. Y dentro de 20 ó 40 años yo podría estar muerto, como lo podría estar el año que viene, como lo podría estar mañana. No. El momento era éste. Y no será fácil que haya otro. No será fácil que este tren vuelva a pasar por la puerta de mi casa. Al menos mientras yo siga aquí.

Así que aquí sigo. Haciendo como que trabajo. Aprovechando este rato muerto para escribir este desahogo que probablemente sólo leeré yo, antes de que la locura empiece otra vez, antes de empezar de nuevo a sacar cosas a destajo. Pensando cómo hacer compatible mi vida imposible con mi baloncesto, cómo equilibrar los compromisos familiares, los compromisos laborales y los compromisos deportivos.

Veamos: a las 18:30, Pamesa-Akasvayu. Si el DVD no me falla (y si mi hijo no me quita el Teledeporte para ponerse el Cartoon Network, y si a mi mujer no se le olvida que tiene que impedirle cambiar el canal) lo veré grabado esta noche, después de cenar, en el portátil, en el exilio de la cocina (o de cualquier otro sitio). Y mientras tanto se estará grabando el Unicaja-Granca, que veré después (y que podría ver en directo si no fuera porque prefiero hacerlo así, porque quiero verlos en su orden, primero el primero y después el segundo para no enterarme en el segundo del resultado del primero...). Y por supuesto se me quedará pendiente, sabedios para cuándo, el muy apetecible Memphis-Sacramento de esta pasada madrugada.

Mañana, más de lo mismo. Mañana por la tarde no estaré trabajando pero trabajará ella, así que a mí me tocará llevar al niño a la piscina. Si el DVD y/o el vídeo quieren (que siempre está por ver) estaré viendo el Tau-Penya más o menos cuando se esté jugando el siguiente partido, el eterno clásico Madrid-Barça. Nuevo trasnoche, nueva pérdida de sueño, nuevo partido NBA (no sé ni quiénes lo juegan) que se me quedará para otra ocasión.

Y llega el sábado. El día más difícil. El día que mi hijo cumple 9 años. La mañana y las primeras horas de la tarde recogiendo, limpiando, cocinando, tal vez (no será fácil, los milagros no existen) buscando un ínfimo hueco al amanecer o en la sobremesa para poder el rookies-sophomores que habré grabado la madrugada anterior. A media tarde llegará toda la tropa, suegra, cuñados/as, sobrinos/as, primos/as, para entonces el DVD y el vídeo ya deberán estar echando humo grabando las dos semifinales, y mientras yo deberé estar procurando atenderlos a todos y al mismo tiempo rezando lo que mejor sepa (en el supuesto de que supiera algo y de que creyera en alguien) para que ninguno de mis entrañables familiares tenga el antojo de poner la tele justo en ese canal, precisamente en ese podría hacer que me enterara del resultado... Se irán de madrugada, tal vez a la una, tal vez más tarde, y entonces yo tendré que pelear a cabezazos una vez más contra el sueño, verme grabadas (en mi exilio habitual) las dos semis mientras el DVD del salón se ocupa de grabar los triples y los mates...

Y llega el domingo. Debería ser más tranquilo. Sólo debería. No lo será. Para empezar, la casa hecha unos zorros. Miles de cosas por medio, un montón de cacharros que recoger, de muebles a los que devolver a su sitio habitual. Y a las doce del mediodía, la otra celebración de mi hijo, en la piscina, con sus amiguitos del cole y del patio... Y yo a primera hora de la mañana habré intentado ver alguno de los concursos, y en la sobremesa (si tengo sobremesa) tal vez los otros, y luego quizás ya sí, por fin, la final en directo... O no. O tampoco. Porque queda mi madre, que tendrá que venir a felicitar al niño, y a darle el regalo. Y que si no puede venir el viernes, ni el mismo sábado, pues a ver cuándo va a venir... En el peor de los casos tendré que ver la final igual de grabada que todo lo demás, el domingo por la noche si para entonces todavía sigo vivo...

Y pensar que hubo un día en que yo llegué a soñar con ir al Palacio a ver la Copa en directo... Siempre lo he dicho y creo que nunca conseguiré dejar de repetirlo: vivo de ilusiones (como el tonto de los cojones).

Ya son las cinco y cuarto. Dentro de hora y cuarto tendré que llamar a casa. A ver si están, a ver si el DVD está funcionando, a ver si el Digital sigue en el canal 53. Y ahora será mejor me ponga de nuevo a trabajar. Se supone que es mi obligación, se supone que me pagan por ello. Y se supone que mientras trabajo no pienso. O, al menos, intento no pensar.

Gas-All

Como casi siempre, sin tiempo para casi nada. Ayer tras el Maccabi-Barça me puse con el Denver-Chicago (grabado la noche anterior) pero pasadas las doce me derrotó el sueño. El sueño tiende a derrotarme casi siempre pero normalmente ofrezco feroz resistencia. Ayer no. Ayer tuve que dejarlo, 2 minutos para el final del tercer cuarto, los Bulls 17 puntos arriba. A veces (sólo a veces) hay que saber retirarse a tiempo.

Hubo una época en la que yo odiaba partir en dos un partido, una película, lo que fuera. Supongo que eso era cuando podía permitirme no hacerlo. Ahora ya no. Ahora ver las cosas de un tirón va a acabar siendo casi un lujo. Así que he acabado de ver ese partido en la sobremesa (que en mi caso es pasadas las cinco de la tarde; hace un rato, vamos). Al menos ha merecido la pena: lo que era una paliza de Chicago al final ha sido sólo una victoria ajustada. Y lo que empezó y siguió siendo una paliza de partido, al final (muy al final) se ha acabado convirtiendo en casi un partidazo.

Esta noche tocará el Dallas-Miami, el de la pasada madrugada. Si el cuerpo aguanta, si el sueño no me vence, si no me buscan otro plan. Aunque me temo que ya sé que ganó Dallas, por mucho que lo intentes evitar al final te acabas enterando del resultado en los sitios más insospechados.

Pero hoy, por encima de todo esto, es el día de Gasol. Es Gas-All, es el Gas-all star. Estaba crudo, pero entraba dentro de lo posible. Y es curioso: esto del partido de las estrellas a nosotros nos parece (más o menos) una nimiedad. Pero los americanos le dan una trascendencia tremenda, allí jugar el all star es como aquí llegar a la selección. A ver si va a ser por la poca tradición que tienen ellos de selección nacional de baloncesto...

Sí, hoy es el día de Gasol. Y el domingo 19 volverá a serlo. Y tiempo habrá (espero) para pensar en ello, para disfrutarlo, para saborearlo. Y para compartirlo con la Copa, también. (Ya lo dijo Murphy: si en un mes hay dos grandes acontecimientos, ambos sucederán en la misma noche. O en el mismo fin de semana...)

(Ayer le di a publicar, me dio error, le volví a dar... y no sé cómo lo hice, pero publiqué dos veces. Para empezar, cagada. Por ser el primer día el primer artículo se quedará repetido, dos veces seguidas, merced a mi proverbial habilidad con las teclas. Quien lo lea –en el supuesto de que...- pensará que soy idiota. Tal vez esté en lo cierto...)

Debilidades

Seguramente lo más difícil es el comienzo. Este sitio nació el pasado lunes, 6 de febrero de 2006. Sin embargo hasta hoy, hasta ahora, no he sido capaz de encontrar ese montón de segundos de reposo para pararme a pensar, a buscar las palabras adecuadas para esta especie de estreno.

Seguramente a partir de ahora será más fácil. En los próximos días, meses, años, será tan sencillo como abrir esto y dejar caer lo que se me ocurra, sin pensar demasiado. Hoy no. Hoy necesito pensar.

Sí, ya lo sé, lo primero que debería explicar es el título. ¿Por qué "el lado débil"? Si tú, lector (estoy dando por hecho que esto alguna vez lo va a leer alguien...) eres aficionado al baloncesto, ya sabes que ése es un término que se utiliza a menudo en nuestro deporte. La jugada de ataque va por un lado, la defensa se escora hacia ese mismo lado ("fuerte"), el otro costado se descuida pero tal vez allí alguien espera la oportunidad para clavar el triple si le llega la ocasión, libre de marca... Es toda una metáfora de la vida (de mi vida), como tantas otras cosas. Tantas veces me he sentido como en otra dimensión, como fuera de aquellos momentos y lugares en los que sucedía casi todo, y sin embargo soñando (mi gran defecto: sueño demasiado, y casi siempre despierto) que todo aquello diese un giro y se volviese hacia donde estaba yo... Porque nunca fui capaz de hacerlo al revés: nunca fui capaz de cambiar yo de lado, de dejar el costado débil y pasarme al fuerte. Nunca fui capaz de cambiar mi vida y por eso siempre esperé que me la cambiaran los demás. Sigo esperando. Sigo aquí, en el lado débil. Sencillamente, porque eso es lo que soy: débil.

Pero el término "debilidad" sirve para muchas cosas. Explica un estado de ánimo, una falta de energía, una carencia de espíritu... Pero si hablamos de baloncesto (y va siendo hora de empezar a hacerlo, que ésa era la idea), debilidad es también eso que sientes por determinados jugadores que te entusiasman, sin saber muy bien por qué. No vale decir "tengo debilidad por Kobe", como no valía decir que se tenía por Jordan. Eso no es debilidad, esos son jugadores que gustan a todo el mundo. Son un delirio común, no un capricho particular. Debilidad es Tayshaun Prince; o Pepe Sánchez; o Adam Morrison (maravilloso alero de la Universidad de Gonzaga que muy pronto entusiasmará al mundo entero); o "mi" Sergio Rodríguez, por supuesto. Muchas debilidades, demasiadas, que aquí irán apareciendo junto con tantas otras cosas. Soy débil, ya lo dije, y supongo que por eso mismo soy de debilidad fácil.

(Hoy ha sido lo más difícil. Hoy era el primer día. Otro día tendré menos tiempo pero será más fácil, será soltar simplemente la ocurrencia de cada jornada. Con dos minutos tendré para dos chorradas, con dos horas tendré casi para un libro entero. Pero que nadie se asuste porque casi nunca dispondré de esas dos horas. Ni de la mitad. Tal vez sea simplemente cuestión de dejar que este sitio se vaya haciendo, que me vaya marcando el camino. A ver por dónde me lleva)